Domingo por la tarde, el calor es insostenible, no deja hacer nada. Mi decaimiento es evidente, mi letargo habitual a causa del medicamento para el tratamiento de mi rinitis, es peor. Por suerte con la ayuda de mi abanico, mis refrescantes y repetidos vasos de alguna cosa bien helada, y un antifaz de plástico con gel adentro que encontré entre las cosas de mi mamá, que luego congelé en la hielera, y que ahora tengo puesto entre mis boobies, me hacen más llevadero este día en extremo caluroso.
Leí en el diario que las históricas temperaturas en Viña del Mar se deben a la Corriente de La Niña, y a un fenómeno poco ocurrente entre el mes de Marzo y Junio. Según el experto, el fortalecimiento de la alta presión del Océano Pacífico, que se conjuga con vientos de cordillera a valle y producen un calentamiento adicional, hace que la atmósfera sea bastante seca y la radiación solar aumente. Al menos no estoy en el interior, Olmué tuvo 40°C. Mantengo el dicho entonces: no te quejes, siempre hay algún otro que está más cagao’ que tu. Siempre habrá otra persona en alguna parte del mundo que lo está pasando peor. Lo sé, lo sé.
Este fin de semana decidí quedarme en casa, no he salido ni a la esquina. Quería ponerme al día con varios asuntos, documentos, textos, películas y discos que tengo descargados y que aún no he visto ni escuchado; pero de todo lo que tenía pensado hacer, lo cierto es que no he hecho nada. El calor me turba, mi pensamiento parece estar errático. He divagado tratando de resolver en mi mente algunos asuntos, he pensado en muchas cosas.
Suena el disco “Happy Songs for Happy People” de Mogwai. Creo que escucharlo me mantiene inspirada, y continúo escribiendo. Mogwai es una banda que descubrí hace poco a través de una persona especial en mi vida, por cierto ausente; y que felizmente escucharé en vivo en Mayo de este año. Se presentarán en Chile y ya tengo mi ticket. Me gusta el título de este álbum, aunque más me gustan los sonidos de Hardcore Will Never Die, But You Will. Bueno, me gusta el título porque la mayor parte del tiempo me siento así, feliz. Subjetivamente feliz, claro. Puede que lo que yo considere felicidad no lo sea para el resto de los mortales si entramos en detalles, es decir, si nos centramos en la forma; pero consensualmente feliz si nos centramos en el fondo.
En mi divagación de pensamiento de este fin de semana, me detuve a pensar en las cosas imposibles, en las situaciones imposibles, en los escenarios imposibles. El dicho popular dice que nada es imposible, y por muy popular que sea, considerando que a veces odio lo que es popular o cliché; lo pienso de la misma forma. Yo también creo que nada es imposible, sólo que le agregaría una frase: Nada es imposible, cuando de verdad quieres algo. Eso que deseas se convierte en imposible cuando en verdad no tienes las ganas de alcanzarlo, cuando no lo quieres realmente.
Hay belleza en la lucha, hay felicidad en el camino. El que estén presentes estos dos elementos: belleza y felicidad, nos mantiene en la lucha. Pero cuando aquella cosa que anhelas es de responsabilidad compartida, el asunto se complica un poco. Cuando una de las personas involucradas cree que es imposible sostener una situación, es porque no tiene ganas de luchar, no lo quiere demasiado, o no le interesa tanto como para hacer esfuerzos. Esta ecuación es aplicable a todo tipo de relaciones: familiares, de negocios, de pareja, proyectos compartidos, etc. Si hablamos de amor, Hj-Story dice: el amor es como dos personas remando el mismo barco, si quieren llegar a destino, ambos deben trabajar juntos. Si ambas personas trabajan uno contra el otro, el barco no irá a ninguna parte. Y si sólo una persona hace todo el trabajo, con el tiempo van a estar agotados.
Y siendo así, es fácil caer en el agotamiento cuando el resto no responde de la manera esperada. Y frente a ese escenario, el único camino posible es hacia adelante. Parece fácil en el papel. Y ciertamente es fácil, salvo que le vamos condimentando insulsamente algunas complicaciones.
Para mi, hacer mi máximo esfuerzo es actuar porque amo hacerlo, no porque espero una recompensa, sólo disfrutar con cada una de las cosas que uno hace. Pero creo que en mi libertad de expresar lo que siento, me he olvidado que justamente, mi libertad termina donde comienza la del otro. Qué puedo decir, me equivoque; al fin, nadie me puede reprochar porque sólo fui yo e hice mi máximo esfuerzo. Soy consciente y aprendo de los errores, me disculpo, quiero hacerlo.
Ya es de noche, y por fin el calor se apaciguó. El placer que me produce escribir, me motiva a estar más enfocada esta semana; he estado muy floja y debo ponerme al día con algunos trabajos y con algunas diversiones ♥